Diluída

Soy un concepto
La idea de alguien
Con una personalidad
Con intenciones
Que desconozco
Antes de decidir
Alguien lo ha hecho por mí
No reconozco a ese alguien
Se diluye mi verdadero ser
En su existencia

Haiku #1

Contempla triste

quien no ha llorado aún,

el infinito.

Mas te extraño

Una nueva realidad es saberte conmigo de alguna manera, una nueva realidad dulce, amarga y picante. Mas te extraño. Verte denuevo y marcharme como una estrella fugaz aumenta mi ansia y deseo de compartir en el espacio-tiempo contigo. Mas te extraño.

Pasan los días

Pasan los días mientras te extraño, te pienso y te olvido.

Momentos en los que el recuerdo de tu respiración me invade y la suavidad detu boca tosca y tierna.

Mis caderas recuerdan tus manos y la forma como se aferraban a mi piel.

Mis manos recuerdan tu pecho, tu abdomen, tu espalda, tus piernas, tu cara y tu sexo.

Mi piel recuerda tu calor, la temperatura de tu cuerpo bajo las cobijas.

Allí donde la realidad eramos nosotros dos y vívidamente, mi nariz recuerda tu aroma y la sensación de recorrerte lentamente con la melancolía de intentar grabar algo transitorio, efímero, como una estrella fugaz, como un rayo.

Solo ocurriste una vez, lo sabía, lo sé.

Por eso con tristeza te acaricié la última vez mientras pensaba con dolor cuán hermoso sería seguir habitando la vecindad de tu mirada.

Mi corazón recuerda tus besos tiernos, tu amor, tu apoyo.

Recuerda con nostalgia tu voz al sonar de la guitarra, y todos tus esfuerzos por aferrarte a mí.

Ámbos noa aferramos el uno al otro, sin equivocarnos intentamos ir en contra de las circunstancias, contradecir la realidad, jugar con la probabilidad para volvernos a encontrar.

Pasan los días y me aferro a tu recuerdo, único lugar donde eres mío y donde me escabuyo del tiempo que insiste en borrarte.

Te grabé con los sentidos y será difícil olvidarte. 

Sin embargo poco a poco, lentamente, está ocurriendo y me duele.

Fuimos dos enamorados construyendo un universo entero bajo una cobija.

Abrazando la nostalgia

Envidio a las personas que son como plastilinas emocionales,

aquellas que según lo que experimentan en la vida se van moldeando

adaptando a las necesidades, a los dolores. 

 

Yo soy como un gatito asustado en medio de la calle,

para quien que el mundo es un ente propenso a herirlo

y tiene muy poco por hacer al respecto.

 

Me cuesta moldearme o endurecerme, yo sencillamente confío, creo.

Contradictorio para alguien como yo pero así siente mi corazón,

a través de la intuición. Aunque aveces se equivoque.

 

Me han herido una y otra vez, y a su vez he herido yo también.

En un ciclo interminable que le añade peso a mi alma y dolor.

Ese peso me hace detenerme y pensar que es imposible para mí añadir otra carga.

Hasta que llega algún otro tesoro y me hace cambiar de opinión. 

 

¿Cuándo se detendrá? Nunca, pero debo hacer algo con las cargas,

debo aprender a gestionar la nostalgia,

a soltar y a aceptar que todo tiene un inicio y u final.

Ignorarlo o no pensar en ello no es una solución viable. 

 

Tarde que temprano invadirá mi mente y tendré que asumirlo tal y como es. 

Debo aprender, debo crecer.

Ni los años, ni las incipientes canas contradicen el hecho

que para sentir y querer soy como un pequeño gato abandonado y solo.

Vívido

Nunca fueron las miradas cómplices,
ni los besos interminables.
Nunca fueron las caricias
nunca ocurrió  la irremediable fusión 
de las respiraciones,
ni los corazones a pocos centímetros
de fundirse en uno.
Nunca fuiste, nunca fuimos
nunca fui contigo.
Nunca seremos,
eres el gran amor que nunca ocurrió.
Fuiste un sueño vívido,
pero al final de cuentas, solo un sueño.
Vívido mas no vivido.

El fantasma de la cuidadora

Nací de sexo femenino. Desde que era bebé comenzó el proceso largo de formacion de mi conducta y mi personalidad. Observé como todos, a las otras personas, e iba descifrando sus codigos sociales de forma intuitiva para aprender a moverme en el mundo.

Una de las figuras representativas para mí, (lo es para la gran mayoria) fue mi madre. A quien veia como reflejo de mi en el futuro, a medida que me daba cuenta que me parecia mas a ella que a mi padre. Con ella fui aprendiendo a ser una mujer. Y la mujer que estaba frente a mí comi modelo, era una joven orprimida, cuidadora, infinitamente abnegada y sacrificada que hacía sin parar hasta lo imposible como si el mundo se fuera a detener por un segundo de su desanso. Así crecí y me convertí en lo que soy ahora. Entendiendo y observando mi rol. Mi papel en este mundo, estaba segura, era muy similar al de mi madre. Lo que consideraba perfectamente normal.

Poco a poco fui observando que las cosas no se detenían ahí. Comencé a crecer y a sentir el estrés por mi pubertad y la sexualización, que no entendia en absoluto lo que significaba, pero en ese momento tenía que ver con que mis senos crecían y me iba a convertir en mujer. Claramente no entendía qué significaba. Esto hasta que la interacción habitual con el entorno me lo explicó y me demostró que corría riesgo constante por ser mujer. Ser linda se convirtió en una obsesión consiente, también normalizada.

Hasta ahí, cada situación que mencioné y el modelo de mujer que aprendí de mi mamá, no tenían ninguna relación. Pero todo esto cambió cuando comencé a tener huellas profundas e imborrables debidas al abuso de los demás sobre mi cuerpo y mi dignidad. Cosas que tuve que soportar. También me di cuenta que esta situación era muy diferente para los hombres. Entendí que habían muchas cosas mal, y que estaban relacionadas a ser igual que mi madre.

En la Universidad conocí el feminismo, la historia de las mujeres y sus luchas. Aprendí que todo lo que tengo ahora en un tiempo no se consideraba apto para mí. Fui consiente de la opresión que enfrentamos en el día a día y me aferré a este estudio, conocimiento e interpretación diversa de la realidad de la mujer, para deconstruirme y construir una vida más vivible.

¿Todo suena a final feliz cierto? Pero no, lejos está. El feminismo no es ni será una receta para decostruirnos y que en cuestión de unos libros y debates puedas convertirte en una mujer nueva y feliz. No, así no funciona.

Todo lo que le leído y aprendido sobre el mundo y sobre nosotras las mujeres me ha servido para ser mas reflexiva y mas crítica con mis propias conductas, pero no es fácil hacerlo, y me cuesta permear esa visión liberadora en todos los aspectos de mi cotidianidad.

Me duele profundamente sentarme hoy a llorar y a contarle a un amigo el mal trato emocional que sufro por mi pareja sentimental. Que habiendo expresado mi inconformidad, mis quejas han sido estériles. A la situación mi amigo me pregunta: ¿por qué aguantas tanto que te traten así?

La respuesta inmediata es porque estoy profundamente enamorada. Pero decirlo ahí, me generó un mal sabor de boca. "¿Profundamente enamorada?". Pero, ¿Por qué aguanto?¿hasta donde voy a aguantar y cuál es mi limite? Es la interrogante siguiente de mi querido amigo.

Aguantaré hasta el infinito...

Pensé en mi madre. Pensé en todas las veces en que mi padre fue tosco con ella para hablarle, poco cariñoso y hasta soez. Y me doy cuenta que estoy en una situación parecida.

¿Qué hacia mi madre?

Aguantar. Y aguantó hasta hace dos meses. Ya no vivo con ellos hace 8 años. Cuando me fui de la casa, mi madre seguía aguantando, pensando que él iba a ser diferente. Tenía la esperanza de que iba a mejorar, que se estaba tal vez dando cuenta que las palabras también hieren. Para mi mente, el aguante de ella no tuvo final y esa fue la mujer en la que me convertí.

Soy una joven oprimida, cuidadora, infinitamente abnegada y sacrificada que hace sin parar hasta lo imposible, como si el mundo se fuera a detener por un segundo de mi descanso. Ademas soy feminista.

Lo feminista no me ha decostruído por completo, pero me ha permitido llegar hasta acá, a entender la raíz del asunto. A reflexionar hasta de esta situación tan desesperante para mí.

No podemos sufrir por amor. Nos decimos por todos lados. Pero somos mujeres oprimidas desde el nacimiento. Mujeres que, si, sufrimos aún por amor. Soy la cuidadora. La que hace, la que cocina, la que lava, la que tiene una carga mental, y me he esforzado por eliminar esas costumbres. Me ha ido bien. Al menos hoy no soy una ama de casa.

Hoy tengo un proyecto de vida propio, con metas y proyectos. Siento que soy productiva, útil y que hago lo que realmente me nace y me hace sentir realizada. Pero me persigue el fantasma de la cuidadora.

En momentos como estos, cuando lloro porque permito que mi pareja sentimental me ultraje verbalmente y me domine, sin recibir una sola disculpa de su parte. En momentos cuando esa persona me trata como su subordinada, como su inferior moral, me posee el fantasma de la cuidadora. Bajo la cabeza, miro hacia el suelo, con físico miedo. Miedo no sé a que... (a que me dejen será). Miro hacia el piso. No puedo mirar a los ojos a un hombre que me domina. Recuerdo hace dos meses a mi madre haciendo ese mismo gesto de sumisión. Esa era la última vez que ella lo hacía. Al otro día huyó de su casa. Huyó de su cárcel, de su infierno por mas de 25 años. Metió al fantasma de la cuidadora en una caja y salió corriendo.

Ella entendió que esa mujer sumisa no la representaba. Deseaba volar, vivir, dejar de sentir miedo de quien amaba. Sé que siempre supo que si lo dejaba todo iba a estar bien, que todo se terminaría arreglando. Pero no fue capaz de irse hasta hace dos meses.

Ahora yo observo esto. Me veo a mí siendo ella. Una cuidadora oprimida, sumisa. Una mujer que se deja tratar como un trapo viejo. Que se deja minimizar hasta el punto de no valer nada. Hasta el punto de que su hora de lectura sea menos importante que colgarle la ropa a su amante, que espera ansioso, que cumpla con ese "favor" con la mayor prontitud del caso. También sé que él nunca me haría un favor así.

Ahora soy yo la que debe actuar. Pero no soy capaz. Soy una cuidadora en proceso de deconstrucción. Deséenme suerte para que sea más pronto que tarde, el momento en que siga los pasos de mi madre.

Que seríamos ella y yo sin el feminismo hoy...

Bucles

Todo se repite:
es muy evidente tu indiferencia.
Todo se repite:
ya todos se están dando cuenta
de que no soy correspondida.

Todo se repite:
no te importa.
Todo se repite:
tal vez te importe mañana.

Todo se repite:
mañana no estaré.
Ahora conozco el desenlace
de esta historia.

Te he dado todo,
y no fue suficiente
para tener encendido tu amor.
Nunca es suficiente
para la persona equivocada.

Cuánto quisiera

Que escucharas mi voz con amor
que pudiera contarte mi forma de ver el mundo
que el tiempo conmigo fuera un tesoro
que te interesaran mis historias
que mi ser brillara para tus ojos.

Cuánto quisiera que me vieras
con aquellos ojos que me miraban
de manera inexplicable
con la intención de tomar mi mano,
y no soltarla nunca
con el deseo infinito de penetrar en mi existencia.

Cuánto quisiera que fueras tú,
esa persona que acompañara mi camino
porque así como me niego al pasado
siento que me niego a un futuro sin ti.
Por más ingenuo e imposible que sea.

Cuánto quisiera que fueras tú,
quien reconociera y disfrutara
mis singularidades, defectos y virtudes
que entendieras mis prisas, ¡tantas prisas!
y mis tristezas.

Alguien indicado para mí,
cuánto quisiera que fueras tú
quien me hiciera feliz.

Cuánto quisiera no tener que partir,
no tener que sanarme,
luego de tantas promesas eufóricas
con intenciones vacías,
que llenaron mi alma.
Pero por vacías, desinfladas por el tiempo
y el descuido de tu gran desinterés.
Cuánto quisiera.

No podemos esperar nada de los demás, nunca.

Se mueve el columpio y con él
tambalea la confianza ciega en aquel
que te observa en perspectiva.
Sabes que no eres tú lo que ellos ven,
y sé que no son ellos lo que veo.
Pero al cerrar los ojos y abrirlos,
sólo observo que un descuido
ha raspado mis rodillas.
Un fuerte impulso exterior
tal vez inconsiente e involuntario
de ver a los otros caer.

Pocos reconocen el latir de un corazón
y la avalancha de emociones
que genera la caída de una hoja
tras un ventarrón.
El suspiro cercano del otro,
el sentir, la compasión.
Hoy no sentimos, o, pocos sienten.
Y no sentir nos vuelve hielo
vibramos poco
El hielo no se hace daño a sí mismo con su forma
pero al tocarlo, hiere a otros.