No podemos esperar nada de los demás, nunca.

Se mueve el columpio y con él
tambalea la confianza ciega en aquel
que te observa en perspectiva.
Sabes que no eres tú lo que ellos ven,
y sé que no son ellos lo que veo.
Pero al cerrar los ojos y abrirlos,
sólo observo que un descuido
ha raspado mis rodillas.
Un fuerte impulso exterior
tal vez inconsiente e involuntario
de ver a los otros caer.

Pocos reconocen el latir de un corazón
y la avalancha de emociones
que genera la caída de una hoja
tras un ventarrón.
El suspiro cercano del otro,
el sentir, la compasión.
Hoy no sentimos, o, pocos sienten.
Y no sentir nos vuelve hielo
vibramos poco
El hielo no se hace daño a sí mismo con su forma
pero al tocarlo, hiere a otros.

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