El fantasma de la cuidadora

Nací de sexo femenino. Desde que era bebé comenzó el proceso largo de formacion de mi conducta y mi personalidad. Observé como todos, a las otras personas, e iba descifrando sus codigos sociales de forma intuitiva para aprender a moverme en el mundo.

Una de las figuras representativas para mí, (lo es para la gran mayoria) fue mi madre. A quien veia como reflejo de mi en el futuro, a medida que me daba cuenta que me parecia mas a ella que a mi padre. Con ella fui aprendiendo a ser una mujer. Y la mujer que estaba frente a mí comi modelo, era una joven orprimida, cuidadora, infinitamente abnegada y sacrificada que hacía sin parar hasta lo imposible como si el mundo se fuera a detener por un segundo de su desanso. Así crecí y me convertí en lo que soy ahora. Entendiendo y observando mi rol. Mi papel en este mundo, estaba segura, era muy similar al de mi madre. Lo que consideraba perfectamente normal.

Poco a poco fui observando que las cosas no se detenían ahí. Comencé a crecer y a sentir el estrés por mi pubertad y la sexualización, que no entendia en absoluto lo que significaba, pero en ese momento tenía que ver con que mis senos crecían y me iba a convertir en mujer. Claramente no entendía qué significaba. Esto hasta que la interacción habitual con el entorno me lo explicó y me demostró que corría riesgo constante por ser mujer. Ser linda se convirtió en una obsesión consiente, también normalizada.

Hasta ahí, cada situación que mencioné y el modelo de mujer que aprendí de mi mamá, no tenían ninguna relación. Pero todo esto cambió cuando comencé a tener huellas profundas e imborrables debidas al abuso de los demás sobre mi cuerpo y mi dignidad. Cosas que tuve que soportar. También me di cuenta que esta situación era muy diferente para los hombres. Entendí que habían muchas cosas mal, y que estaban relacionadas a ser igual que mi madre.

En la Universidad conocí el feminismo, la historia de las mujeres y sus luchas. Aprendí que todo lo que tengo ahora en un tiempo no se consideraba apto para mí. Fui consiente de la opresión que enfrentamos en el día a día y me aferré a este estudio, conocimiento e interpretación diversa de la realidad de la mujer, para deconstruirme y construir una vida más vivible.

¿Todo suena a final feliz cierto? Pero no, lejos está. El feminismo no es ni será una receta para decostruirnos y que en cuestión de unos libros y debates puedas convertirte en una mujer nueva y feliz. No, así no funciona.

Todo lo que le leído y aprendido sobre el mundo y sobre nosotras las mujeres me ha servido para ser mas reflexiva y mas crítica con mis propias conductas, pero no es fácil hacerlo, y me cuesta permear esa visión liberadora en todos los aspectos de mi cotidianidad.

Me duele profundamente sentarme hoy a llorar y a contarle a un amigo el mal trato emocional que sufro por mi pareja sentimental. Que habiendo expresado mi inconformidad, mis quejas han sido estériles. A la situación mi amigo me pregunta: ¿por qué aguantas tanto que te traten así?

La respuesta inmediata es porque estoy profundamente enamorada. Pero decirlo ahí, me generó un mal sabor de boca. "¿Profundamente enamorada?". Pero, ¿Por qué aguanto?¿hasta donde voy a aguantar y cuál es mi limite? Es la interrogante siguiente de mi querido amigo.

Aguantaré hasta el infinito...

Pensé en mi madre. Pensé en todas las veces en que mi padre fue tosco con ella para hablarle, poco cariñoso y hasta soez. Y me doy cuenta que estoy en una situación parecida.

¿Qué hacia mi madre?

Aguantar. Y aguantó hasta hace dos meses. Ya no vivo con ellos hace 8 años. Cuando me fui de la casa, mi madre seguía aguantando, pensando que él iba a ser diferente. Tenía la esperanza de que iba a mejorar, que se estaba tal vez dando cuenta que las palabras también hieren. Para mi mente, el aguante de ella no tuvo final y esa fue la mujer en la que me convertí.

Soy una joven oprimida, cuidadora, infinitamente abnegada y sacrificada que hace sin parar hasta lo imposible, como si el mundo se fuera a detener por un segundo de mi descanso. Ademas soy feminista.

Lo feminista no me ha decostruído por completo, pero me ha permitido llegar hasta acá, a entender la raíz del asunto. A reflexionar hasta de esta situación tan desesperante para mí.

No podemos sufrir por amor. Nos decimos por todos lados. Pero somos mujeres oprimidas desde el nacimiento. Mujeres que, si, sufrimos aún por amor. Soy la cuidadora. La que hace, la que cocina, la que lava, la que tiene una carga mental, y me he esforzado por eliminar esas costumbres. Me ha ido bien. Al menos hoy no soy una ama de casa.

Hoy tengo un proyecto de vida propio, con metas y proyectos. Siento que soy productiva, útil y que hago lo que realmente me nace y me hace sentir realizada. Pero me persigue el fantasma de la cuidadora.

En momentos como estos, cuando lloro porque permito que mi pareja sentimental me ultraje verbalmente y me domine, sin recibir una sola disculpa de su parte. En momentos cuando esa persona me trata como su subordinada, como su inferior moral, me posee el fantasma de la cuidadora. Bajo la cabeza, miro hacia el suelo, con físico miedo. Miedo no sé a que... (a que me dejen será). Miro hacia el piso. No puedo mirar a los ojos a un hombre que me domina. Recuerdo hace dos meses a mi madre haciendo ese mismo gesto de sumisión. Esa era la última vez que ella lo hacía. Al otro día huyó de su casa. Huyó de su cárcel, de su infierno por mas de 25 años. Metió al fantasma de la cuidadora en una caja y salió corriendo.

Ella entendió que esa mujer sumisa no la representaba. Deseaba volar, vivir, dejar de sentir miedo de quien amaba. Sé que siempre supo que si lo dejaba todo iba a estar bien, que todo se terminaría arreglando. Pero no fue capaz de irse hasta hace dos meses.

Ahora yo observo esto. Me veo a mí siendo ella. Una cuidadora oprimida, sumisa. Una mujer que se deja tratar como un trapo viejo. Que se deja minimizar hasta el punto de no valer nada. Hasta el punto de que su hora de lectura sea menos importante que colgarle la ropa a su amante, que espera ansioso, que cumpla con ese "favor" con la mayor prontitud del caso. También sé que él nunca me haría un favor así.

Ahora soy yo la que debe actuar. Pero no soy capaz. Soy una cuidadora en proceso de deconstrucción. Deséenme suerte para que sea más pronto que tarde, el momento en que siga los pasos de mi madre.

Que seríamos ella y yo sin el feminismo hoy...

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