Durante 50
años, la historia de la ciencia ha sostenido que los descubridores de la
doble hélice del ADN fueron Crick y Watson. En los últimos años, las
investigaciones han sacado a la luz la labor de Rosalind Franklin, sin
cuyas radiografías sus colegas no hubieran llegado tan rápido a la meta.
El 28 de febrero de 1953 era una tarde típica en
Cambridge, Inglaterra, pero
los clientes de uno de los pubs cercanos al río, “El Águila”, asistían ese día a un anuncio que revolucionaría la biología. Dos jóvenes investigadores entraron en el local y uno de ellos, Francis Crick, anunció en voz alta a los presentes: “hemos encontrado el secreto de la vida”. Su compañero, James Watson, le escuchaba orgulloso, pensando en la majestuosa doble hélice de ADN que acaban de descubrir.
los clientes de uno de los pubs cercanos al río, “El Águila”, asistían ese día a un anuncio que revolucionaría la biología. Dos jóvenes investigadores entraron en el local y uno de ellos, Francis Crick, anunció en voz alta a los presentes: “hemos encontrado el secreto de la vida”. Su compañero, James Watson, le escuchaba orgulloso, pensando en la majestuosa doble hélice de ADN que acaban de descubrir.
Paralelamente, en el otro centro de
investigación, el King’s College en Londres, una mujer consagraba su
trabajo a radiografiar la deseada molécula. Una de las fotografías
obtenidas por Rosalind Franklin fue la que proporcionó la prueba
definitiva de que el material genético forma una doble hélice. Sin
embargo, la importante aportación de Franklin ha quedado empañada y sin
reconocimiento durante muchos años.
Rosalind Franklin nació en Inglaterra y se
graduó de la Universidad de Cambridge, no sin antes salvar la oposición
paterna. Hizo estudios fundamentales de microestructuras del carbón y
del grafito como base de su Doctorado en Química Física.
Había trabajado tres años en París, en el
Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado, hasta que el jefe
de la Unidad de Investigación en Biofísica en el King’s College de
Londres, Sir John Randall, la invitó a trabajar con él como
investigadora asociada.
Rosalind tuvo oportunidad de aplicar sus
conocimientos en el laboratorio de Randall, que se encontraba en el
mejor nivel de desarrollo y había realizado ya algunos análisis de
difracción del ADN. Era una mujer brillante, analítica e independiente,
que tuvo que sufrir la pesada atmósfera de club masculino del King's
College.
En el laboratorio de Randall fue compañera de
Maurice Wilkins, con quien nunca congenió, ya que se empeñaba en
tratarla como asistente y no como colega. A este científico le
incomodaba la presencia en el lugar de Rosalind Franklin, quien a los 32
años era considerada como la mejor cristalógrafa del mundo. Wilkins
sentía que Franklin pretendía trabajar en "su" proyecto.
Lamentablemente, la misoginia y la competencia llevó la relación entre
ambos a un conflicto permanente.
Sin embargo, Rosalind Franklin era una mujer
de carácter. A principios de 1953, descubrió que el ADN tenía una
estructura helicoidal. Obtuvo dos pruebas: una imagen y unas medidas del
ADN, pero no las publicó rápidamente, su gran error. Wilkins fue el
primero en reconocer los ácidos nucleicos y no estaba dispuesto a la
competencia interna.
Watson había tenido ocasión de asistir a la
clase que dio Franklin sobre el avance de sus investigaciones.
Rápidamente, él y Francis Crick se pusieron a la tarea de imaginar su
estructura, trabajando con modelos atómicos a escala.
Watson y Crick invitaron a Franklin y Wilkins
para darles a conocer su propuesta. Ésta consistía en un modelo
helicoidal con tres cadenas. Rosalind Franklin pulverizó sus argumentos y
sólo la conocida flema inglesa impidió la catástrofe. De todos modos,
el rumor llegó a la cabeza del laboratorio, Sir Lawrence Bragg, quien
decidió prohibir a Watson y Crick que continuaran sus estudios en el
ADN.
Impedidos para realizar experimentos, Watson y
Crick dedicaban su tiempo a la realización de modelos teóricos de
hojalata. Una mañana, llegó un manuscrito de Linus Pauling desde Estados
Unidos, en el cual detallaba sus conclusiones acerca de la estructura
del ADN a su hijo Peter, que por casualidades del destino compartía
oficina con Crick y Watson. Pauling, el químico más eminente de su
época, representaba un duro competidor para ellos, que ni siquiera
tenían acceso al laboratorio para hacerle pruebas al ADN.
Watson y Crick leyeron el manuscrito y
corrieron al King's College con las noticias de Pauling. Allí se
encontraron en un pasillo con Rosalind Franklin, quien se enojó mucho,
porque el manuscrito que Watson llevaba en la mano contenía información
que hacía un mes ella había solicitado infructuosamente al laboratorio
de Pauling.
Wilkins llegó en ese momento y empujó a Watson
a su despacho. Eufórico, le mostró “inocentemente” una excelente
fotografía de difracción que Franklin acababa de tomar de la estructura
helicoideal del ADN, sin dar aviso a su autora, ni a su jefe Randall.
Watson la vió, abrió la boca y su pulso se aceleró. La solución era
evidente.
Esta imagen es conocida hoy como la famosa
“Fotografía 51” (véase arriba) y reveló una estructura repetida y tridimensional del
ADN. El hecho de que Wilkins la mostrara sin su consentimiento a Watson
no pareció molestar demasiado a Franklin, quien estaba ilusionada con el
futuro.
Poco después, otro científico inglés les pasó a
Crick y Watson una copia del informe de Rosalind Franklin a Sir John
Randall, con las mediciones de la mujer, por lo que ellos pusieron toda
su energía en refinar el descubrimiento.
Rosalind Franklin había deducido, mediante
cálculos precisos, que las cadenas del ADN eran dos. Además, había
calculado varios parámetros de la hélice, como la distancia o período de
repetición.
Los datos de Franklin determinaron el curso de
la investigación de Watson y Crick. En un mes, lograron armar a un
modelo teórico para la estructura del ADN, esta vez sin la presencia de
la científica.
La doble hélice de Watson y Crick permitía
atar diversos cabos en la estructura y funcionamiento de los genes, como
la replicación del ADN. Las dos hebras le permiten a la molécula
separarse y replicarse, por lo que a partir de una cadena de ADN se
forman dos idénticas, una de las cuales se transfiere de los padres a
los hijos, lo que constituye la herencia.
Después de tantas intrigas y no sin
dificultades personales, Watson y Crick no se equivocaron cuando
anunciaron en el pub Las Águilas que habían encontrado “el secreto de la
vida”.
Los resultados de su trabajo y el hallazgo de
la estructura fueron presentados a la comunidad científica en abril de
1953, al ser publicados en la revista Nature. Crick y Watson no
aclararon que habían utilizado el trabajo de Rosalind Franklin, aunque
reconocieron que fueron "estimulados por los resultados e ideas sin
publicar de Wilkins y Franklin".
Los datos generados por esta científica
llegaron a manos de Watson y Crick sin el conocimiento de su autora y su
nombre no llegó a figurar entre los firmantes de la publicación que más
tarde recibió el premio Nobel. Watson reconoció su aporte hasta 1968,
quince años después, en su libro “La Doble Hélice”.
Franklin no se enfadó, sino que estaba
contenta porque otros habían corroborado su modelo. A la fecha de
publicarse ese artículo, dejó el King's College por el Birkbeck's y se
dispuso a escribir un reporte corroborando a su vez, injustamente, el
modelo de Crick y Watson, que era en realidad el suyo.
La voluntariosa investigadora murió de cáncer
de ovario cuatro años después, en 1958, a la edad de 37 años. Esos
últimos años fueron los más productivos de su corta vida, al publicar 17
trabajos. Continuó trabajando al más alto nivel hasta pocas semanas
antes de su muerte.
A pesar de que los dos investigadores aseguran
que Rosalind Franklin nunca expresó resentimiento ni se sintió robada,
muchos opinan que este episodio simboliza los ataques y abusos que las
mujeres de ciencia han tenido que sufrir por parte de sus compañeros
masculinos.
Era una época donde la misoginia invadía
particularmente los ambientes académicos. La científica era considerada
una mujer “conflictiva” y “nada femenina”.
Watson y Crick han reconocido que la veían
como “la muchachita” con la que comentaban las cosas, pero que nunca le
dieron su lugar como investigadora, hasta muchos años después.
En su libro, James Watson tiene comentarios
sexistas para la científica. La pinta como una subordinada de Maurice
Wilkins, cuando de hecho eran pares en el laboratorio de Randall y éste
le había dado a ella, no a él, la tarea de poner en claro la estructura
de ADN.
Watson la llama de forma desdeñosa "Rosy" y se
pregunta "cómo sería si se quitara las gafas e hiciera algo distinto
con su cabello", aunque en el epílogo admite que sus primeras
impresiones sobre ella “eran erróneas”. Demasiado tarde, reconoció las
luchas que debió enfrentar Franklin y que el ambiente de aquella época
no fue nada favorable para “una mujer inteligente”.
Francis Crick, en su libro "¡Qué Loco
Propósito!", admite que en el King’s College había restricciones
irritantes para Rosalind. Por ejemplo, no se le permitía tomar café en
una de las salas reservada sólo para los hombres, algo que para él y
mucha gente era un asunto trivial “para aquella época”.
En 1962, Francis Crick, James Watson y Maurice
Wilkins, el colega de Rosalind, recibieron el premio Nobel de Medicina y
Fisiología por el descubrimiento de la estructura del ADN.
La Doctora Rosalind Franklin ya no estaba para
acompañarlos y a ninguno se le ocurrió mencionarla. El galardón no se
concede con carácter póstumo y tampoco se comparte entre más de tres
personas. ¿Qué hubiera pasado si la científica hubiera estado aún viva
en ese momento?
Por su parte, Linus Pauling, el autor del
manuscrito que desató todo, no tuvo acceso hasta mucho después a las
fotografías de Rosalind Franklin. Cosas de la política: cuando Pauling
quiso visitar Inglaterra en mayo de 1952, su pasaporte no le fue
otorgado por sospecha de comunismo. Si ello no hubiera sucedido, la
historia del ADN sería probablemente distinta.
Aunque el modelo de ADN que Pauling describía a
su hijo en el famoso manuscrito que Watson enseñó a Wilkins estaba
equivocado, exactamente al contrario de como es la molécula en realidad,
sin duda sirvió de base para el de Watson y Crick.
No hay que sentir lástima por Pauling. Aunque
perdió su oportunidad de recibir el premio Nobel de Medicina y
Fisiología, el químico de Oregon fue galardonado a lo largo de su vida
con otros dos: el de Química, por sus estudios sobre la naturaleza del
enlace químico y el de la Paz, por haber promovido y participado
activamente en una asociación de científicos en contra de las armas
nucleares.
Años después, los descubridores de la doble hélice han reconocido las aportaciones de Rosalind Franklin.
"Somos famosos porque el ADN es muy famoso. Si
Rosalind hubiera hablado con Francis Wilkins desde 1951 y compartido
sus datos con él, ella hubiera resuelto esa estructura. Y entonces ella
hubiera sido la famosa", reconoció James Watson.
En realidad lo que Watson y Crick hicieron fue armar el rompecabezas del ADN, lo cual no deja de tener su mérito, pero es una vergüenza que Franklin no recibiera el crédito que le correspondía por su papel esencial en este importante descubrimiento, ya fuera durante su vida o después de su temprana muerte.
Sobre otrás mujeres científicas cuyas contribuciones aún son importantes pero poco recordadas.



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